En estos días de confinamiento no estoy viendo la televisión. Las redes sociales son mi atalaya por la que oteo el horizonte, para bien y para mal. Me llaman la atención muchas cosas, y una de ellas fue cómo reaccionaban las personas cuando en una rueda de prensa un científico respondió a una pregunta sobre el coronavirus con un breve “¡no lo sé!”.

Yo siempre he defendido el “no lo sé” como una gran habilidad social. Reconocer que no se sabe algo me parece muy valiente. Y más cuando te están escuchando millones de personas con la angustia de saberse en buenas manos y que su supervivencia depende de respuestas claras y convincentes. Pero un científico que dice “no lo sé”, porque la ciencia todavía no ha encontrado evidencias empíricas sobre lo que se le pregunta, me parece un profesional honesto, inteligente y, repito, muy valiente.

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Cuando en una conferencia o en mis terapias me preguntan algo que no hay certeza científica, no dudo en decir “no lo sé”, o “no se sabe todavía” (reconozco que no siempre soy valiente). Cuando mis hijas me preguntaban que significa una palabra que no tenía ni idea, yo les decía “no lo sé” (menos mal que ahora están los servidores). Cuando estoy con un grupo de amistades charlando sobre la vida, y sale alguna cuestión de cultura, cine o literatura que no lo sé, pues digo “no lo sé”, (o no me acuerdo).

Decir “no lo sé”, es admitir que no somos perfectos, que somos humanos, que siempre existe un hueco para seguir aprendiendo, para seguir mejorando, para seguir avanzando. Decir “no lo sé”, implica que ahora lo quiero saber, es un indicador de motivación para conocer algo que desconozco.

Hay muchas preguntas que nos hacen nuestros hijos e hijas a lo largo de su desarrollo evolutivo que no tienen respuestas. Que no las sabemos. Desde si existen los Reyes Magos hasta cuando saldrá la vacuna del coronavirus. No las sabemos (bueno, lo de los Reyes Magos sí), y es inteligente decir que no las sabemos. Probablemente, a los padres o madres sabelotodo, que tienen respuestas para todo, tarde o temprano, se les verá el plumero.

En estos días de confinamiento, vuestras hijas e hijos os habrán realizado unas cuántas preguntas que no sabéis la repuesta. ¿Qué hacéis? Todo dependerá de su edad, de su desarrollo cognitivo, de su inteligencia, por supuesto. Puede ser que nos inventemos una respuesta, que no contestemos saliendo de la situación como se puede. Otras veces se le da una respuesta totalmente fuera de lugar, o hacemos uso de la ironía. Todas las hemos usado alguna que otra vez. Añade a tu repertorio decir “no lo sé, ¿lo investigamos juntos?”.

Un “no lo sé” a tiempo y dicho con elegancia, tranquilidad y con empatía implica ofrecer seguridad para que puedan aprender una serie de competencias personales imprescindibles para su vida. Estas competencias son:

  • Aceptar la incertidumbre,
  • Perder el miedo a lo desconocido,
  • Manejar con inteligencia las preocupaciones,
  • Aprender a controlar la ansiedad que genera la percepción de que una realidad no se controla.

En nuestro anterior artículo del blog hablábamos de que en la situación actual provocada por el coronavirus ha generado inseguridad, incertidumbre, miedo, ansiedad. Desde Familias en la Nube te animamos a que la percibas como una oportunidad para que vuestros hijos o hijas puedan aprender estas competencias. ¡Aprovéchala!

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Esperemos que nuestros hijos e hijas nos sigan haciendo preguntas. Yo personalmente echo mucho una de menos: ¿cuánto queda? ¡No sé por qué será!

Antonio Ortuño

Psicólogo especialista en Psicología Clínica Infanto-juvenil y Terapeuta Familiar desde hace más de 25 años. Conferenciante sobre temas educativos, centrados en la parentalidad positiva, su modelo educativo consiste en dotar de herramientas a los padres y madres para que sepan poner límites de una forma respetuosa, con la responsabilidad y la felicidad como compañeras de viaje.

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