
Hace poco escuchaba a una madre decir algo que me marcó: «Acababa de gritarle a mi hijo por el mismo motivo que mi madre me gritaba a mí, y en ese instante me vi a ella». Esa reflexión instantánea es el punto de partida de una verdad incómoda que todas las familias deben enfrentar: heredamos patrones educativos sin darnos cuenta. Los ciclos familiares no son inevitables, pero sí son poderosos. Y la buena noticia es que pueden romperse.
En mi experiencia acompañando a familias durante más de......
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