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Mi hijo habla de drogas!!!

¡Pues claro que habla de drogas! Todos hablamos de las drogas, y nuestros hijos e hijas también. Para bien o para mal, para posicionarse a favor o en contra, se hablan de las drogas. Y cuando hablo de drogas, hablo de drogas, no de tabaco, alcohol y drogas.

Es tan incorrecto decir tabaco, alcohol y drogas, como pera, manzana y frutas.

Consumir una droga es una decisión, una conducta.  Y esa decisión se elabora durante años, no es de un día para otro. Antes de la etapa de consumo, hay una etapa de preconsumo, o de “diálogos sobre las drogas”, que en todo grupo de iguales existe. Si en España la edad de inicio del consumo de drogas ronda los 14 años, la edad de inicio de posicionamiento previo al consumo puede empezar dos años antes.

Lo que hablan del botellón que ven en la calle, de las borracheras que salen en las series de televisión, cuando ven a Hommer Simpson borracho, está marcando su futuro consumo irresponsable o responsable, su condición de abstinencia ante ese consumo o su situación de abuso o dependencia a esa droga.

Actitud ante las drogas

Van aflorando las actitudes, esa predisposición favorable o desfavorable al consumo de ciertas sustancias. Si expresan opiniones positivas hacia los consumos, lo valoran como algo deseable, algo motivador que les puede emocionar; si los comentarios en el grupo van en esa dirección; si alaban los perfiles de personas consumidoras, cercanas o lejanas, las probabilidades de cuando le ofrezcan algo de DECIR NO se disminuyen.

Está claro que llega un momento que el consumo de drogas de nuestros hijos o hijas está fuera de nuestro control.

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Inteligencia emocional aplicada a la educación familiar.

Imagina una escena típica de inteligencia emocional. Vas hacia tu casa y tienes la ilusión y el deseo de que cuando llegues, tu hijo haya recogido el lavavajillas, ya que se lo has puesto en una nota antes de irte. Entras en casa, está tumbado en el sofá con el móvil, y el lavavajillas sin recoger. ¿Qué te pasa por la cabeza? ¿Qué es lo que haces?

La gestión de emociones y la impulsividad en la toma de decisiones.

En otros artículos del blog te hemos detallado los dos procesos de toma de decisiones. El basado en la impulsividad y los instintos, que representamos con la liebre y otro más racional gestionado por la tortuga.

Probablemente, lo que te diga la liebre y lo que te diga tu tortuga sea diferente.

  • La liebre reaccionaría primero, y  te diría que no puede ser, que ya está bien,  que tu hijo vive como Dios y te toma el pelo. Encima parece que lo hace aposta para hacerte daño y reírse de ti, que como siga así ni va a estudiar ni hacer nada, y que con treinta y tantos años seguirá chupando del bote. Si te convence, tus conductas se centrarán en echarle la bronca, enfadarte, castigar…
  • La tortuga tarda más tiempo en reaccionar, y lo que diría más  menos sería: espera, no le digas nada, piensa que haces, las broncas no te sirven, ni los castigos, a lo mejor no ha visto la nota, pregúntaselo, o dile que antes de comer tiene que recoger el lavavajillas, no te calientes que luego te arrepientes de lo que le dices…

A su vez,

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La planificación en la toma de decisiones

Y aquí viene el otro personaje fundamental para la planificación en la toma de decisiones. La tortuga.

La importancia de la planificación.

La tortuga es lenta y minuciosa. No le gustan las prisas. Su cueva está en el lóbulo frontal del cerebro. La tortuga necesita su tiempo para tomar decisiones. Indaga, analiza, reflexiona, selecciona. A la tortuga le gusta planificar, organizar, pronosticar, valorar, razonar, pensar. En definitiva, es el personaje que tiene que liderar el cerebro. La tortuga es lo racional. Tiene como misión hacer predicciones, reducir la incertidumbre de alrededor, hacer que el cerebro se centre en una tarea, anticipar las consecuencias de un comportamiento, contextualizar las normas de convivencia.

En resumen, es la encargada de planear las acciones con antelación y tomar decisiones de una manera organizada y eficiente.

El desarrollo de la planificación en la toma de decisiones desde la infancia.

La tortuga, en el bebé, es un huevecito. Y su crecimiento y maduración va a depender de las posibilidades que le oferten sus cuidadores con sus formas de educar, aspectos que se trabajan en los diferentes cursos para mejorar tus habilidades parentales que te proponemos en Familias en la Nube.

Es la encargada de llevar a cabo lo que desde la neurología llaman funciones ejecutivas, a saber: prestar atención, reconocer objetivos, formular intenciones, elaborar un plan, ejecutarlo, valorar el logro…

A la tortuga le gusta tener a mano toda la información disponible para tomar decisiones. Puede ser que nunca sea le sea suficiente. Quiere saber la verdad antes de planificar. Necesita situarse, tener percepción de control, para saber dónde está,

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Las emociones en la toma de decisiones

El papel de las emociones en la toma de decisiones.

Estás en casa tan tranquila, y de repente escuchas ¡¡FUEGO, FUEGO!! No te veo que tu reacción sea prepararte un café, sentarte en el sillón y acomodarte para ver una película. Esto no sería una decisión responsable, sobre todo si tus dos hijos están en su habitación durmiendo.

Un ejemplo como este evidencia el papel de las emociones en la toma de decisiones. En este caso, lo más inteligente  es tener un mecanismo decisorio rápido y eficaz para seguir viviendo. Tú y los tuyos. Y aquí entran en juego las emociones, representados por nuestro personaje ficticio: la liebre.

La liebre vive en una parte del cerebro que se llama sistema límbico. Representa lo emocional. Se encarga de avisar al cerebro de los peligros, de las amenazas. Es todo instinto de supervivencia.

La especie humana está en este planeta gracias a la liebre. Nada más nacer ya se necesita una liebre despierta para la búsqueda de la satisfacción de las necesidades. Gracias a la liebre, se reconoce la alegría, la sorpresa, el miedo, la ira, el asco o la tristeza. La liebre hace que las personas tengan ilusiones, sueñen, sepan para qué viven, deseen estar en el planeta y ser felices.

La liebre en la historia de la humanidad.

La liebre, en sus orígenes, era puro instinto. Huir de los peligros, y acercarse a los beneficios. Por cierto, ya hemos dicho que eso es lo que sigue haciendo la especie humana, y sobre todo nuestros hijos e hijas (huir de lo que no gusta, e intentar conseguir lo que gusta). A diario podéis encontrar ejemplos de conflictos cotidianos en este sentido.

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La toma de decisiones y el cerebro infantil

Hay personas que razonan adecuadamente pero luego toman decisiones desacertadas. ¿Por qué ocurre esto? La educación está repleta de situaciones de toma de decisiones incongruentes.

  • Grito, pero no quiero gritar.
  • No quiero amenazar, pero acabo amenazando.
  • Intento ser coherente y amable, pero la situación me desborda.

La toma de decisiones desde el punto de vista cerebral

Tomar decisiones es algo más que razonar. La toma de decisiones depende de múltiples operaciones que se dan en el cerebro. El cerebro es la herramienta más poderosa y avanzada que tiene el ser humano. Es muy complejo, pero nuestra idea es intentar dar una visión lo más sencilla posible de cómo funciona.

Vivir es ilusionarse, es desear, es emocionarse. En el fondo, en su más remoto origen, el deseo y la ilusión, como motores de la acción humana, eran simples respuestas instintivas. Quiero esto (un beneficio como comida, calor, sexo…) y no quiero esto (huir de situaciones peligrosas o incómodas). Esto es motivación, llanamente. A pesar de la evolución y de los cambios, los hijos e hijas mantienen este patrón de respuestas, ya que el cerebro busca esas dos vías para sobrevivir.

La evolución de las emociones.

Hace 50.000 años no importaba si tu hijo o hija hacía la cama, estudiaba, o estaba mucho tiempo con el móvil.

Pero el cerebro sigue funcionando igual ahora que hace 50.000 años, sólo que en lugar de buscar compañía, alimento y refugio, y evitar el frío o los depredadores, ahora son otras problemáticas. Por ejemplo:

  1.  Mi hijo quiere ver la TV, pero se la apagamos porque es tarde.
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Desarrollar la educación emocional

En este artículo te damos las claves para que puedas desarrollar una buena educación emocional en tu familia.

La historia de la educación emocional.

A lo largo de la historia de la humanidad, para la supervivencia de la especie humana, el objetivo a cumplir por los progenitores era dotar de habilidades y recursos a sus descendientes para adaptarse al ambiente o a los ambientes donde iban a desenvolverse. Esto sería educar.

Si consigues que tus hijos o hijas aprendan estrategias para adaptarse al medio significa que saben tomar decisiones, que pueden asumir responsabilidades, que son inteligentes, en definitiva, que se acercan a la felicidad. Tus habilidades parentales juegan un papel fundamental en este proceso.

Habilidades emocionales para la vida.

Desde Familias en la Nube pretendemos que tu labor educativa consista en preparar a tus hijos o hijas para afrontar realidades heterogéneas, realidades que conoces y que no conoces y ayudarles a aprender las habilidades y herramientas necesarias para la vida.

Padres y madres adaptados a su medio facilitan la adaptación de su prole.

Adaptación al medio es inteligencia, y ser inteligente es saber adaptarse a los diferentes contextos donde te mueves. Y las emociones son las herramientas que ayudan a ese proceso de adaptación. Su función es mantenernos vivos, sobrevivir. Con lo cual, hacer un uso inteligente de las emociones, o saber gestionar las emociones para ser más inteligente, es una de las claves formativas de Familias en la Nube.

Se puede definir la inteligencia como la capacidad de utilizar de forma adecuada la información procesada para resolver una determinada situación y poder adaptarse a los cambios que irremediablemente se van a producir.

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Conferencia sobre temas de educación en familia. Familias en la Nube.

A lo largo de la infancia y la adolescencia aparece un deseo evolutivo de querer hacer las cosas por sí mismo, de poner a prueba continuamente las capacidades propias, de generar las alternativas a la hora de decidir, de valorar los resultados de las acciones.

¿Cuántas veces has oído o vas a oír “yo solita” o “déjame a mí”?

Al principio, las figuras de apego acompañan en las primeras acciones independientes, para poco a poco, ir soltando amarras. No se nace teniendo todas las herramientas adecuadas para desarrollar la autonomía y la toma de decisiones. Las pautas educativas, las miles de decisiones que toman los padres, facilitan o dificultan el aprendizaje de la toma de decisiones de los hijos e hijas necesaria para evolucionar y crecer.

La autonomía se construye siendo inteligentes a la hora de demostrar respeto y confianza en la capacidad que tienen los hijos e hijas para tomar las decisiones. Cuantas más decisiones tome el mundo adulto, más dependencia se genera.  Y la dependencia es lo contrario de la autonomía. Y la dependencia excesiva promueve la inseguridad. Hay que pasar del apego al desapego, de la dependencia a la independencia. Esto es educar.

El apego seguro de hoy será la autonomía de mañana.

Los niños y niñas  tienen un motor que les impulsa hacia la autonomía. La energía de ese motor son los deseos, las emociones. ¿Se deben satisfacer absolutamente todos los deseos de los niños? Pues aunque se quiera, es imposible. Los deseos han de canalizarse en decisiones, en proyectos personales, para la construcción progresiva de su autonomía ¿Se deben satisfacer todas las necesidades de los niños? Sí, por supuesto.

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Escuela de Famillias. Familias en la Nube.

En otro artículo (el puente educativo) se exponían las dos grandes funciones parentales que deben sostener cualquier acción educativa: el  apoyo incondicional y el control respetuoso. Pues bien,  los dos pilares del apego (apoyo y control) coexisten con la autoestima:

Por un lado el apoyo incondicional.

Tenerse cariño, sentirse a gusto consigo mismo, saberse querido, aceptado, capacitado para tomar decisiones. Pensarse competente, valioso, protagonista, digno de ser tenido en cuenta. Esto es autoestima.

La autoestima como forma de competencia en la familia.

En cualquier contexto educativo se deben ofertar oportunidades para tener éxito, para comprobar que se es capaz de hacer las cosas, o por lo menos intentarlo. Se pone más énfasis en los procesos de aprendizaje que en los resultados.

La autoestima se construye a través de la conducta. Alaba lo positivo, hace cumplidos sinceros sin buscar nada a cambio. Las dificultades se interpretan como retos y los fracasos como parte del aprendizaje. Hay que abordarla más desde el sentirse competentes y útiles para la familia y para la comunidad, que desde el ¡qué bonito eres, madre!

La autoestima tiene estrecha relación con lo que cuesta esfuerzo, con el optimismo, con el afrontamiento de la realidad, por el interés en nuestra vida. Ayuda a desarrollar el sentido de la responsabilidad social, de hacer cosas por el bien de los demás, a potenciar la autoestima colectiva. El niño o niña debe sentir que está obrando bien, según su criterio, y con la mirada adulta presente.

La autoestima consiste en conseguir que al final, los niños y niñas se digan “muy bien” a sí mismos.

Autoestima también es generar la confianza en uno mismo necesaria para realizar los esfuerzos precisos para conseguir logros razonables,

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Conferencia sobre temas de educación en familia. Familias en la Nube.

El autocontrol, como su nombre indica, es el control que se ejerce sobre uno mismo. ¿Qué se puede controlar? ¿Qué puede controlar un niño de 3 años? ¿Qué puede controlar una adolescente de 15 años?

El control externo como ayuda para establecer el autocontrol.

Un sistema de control externo es necesario para la formación del autocontrol. Un autocontrol sano precisa previamente de un control externo amable y coherente. Los niños y niñas con escaso autocontrol han aprendido en un contexto con un sistema de control inadecuado. ¿Quién nace sabiendo hacer la cama, o cepillarse los dientes? O mejor dicho, ¿quién nace deseando hacer la cama, o cepillarse los dientes? Para ello se requiere autocontrol, uno de los pilares clave de la personalidad.

En un primer momento, se educa desde el “exterior”. El niño pequeño no tiene capacidad para hacer planes, para controlar adecuadamente sus acciones, para domar sus impulsos. Lo tiene que aprender. El cerebro infantil se está desarrollando, y no sabe autocontrolarse. Necesita un lóbulo frontal externo que le guíe. Ese cerebro necesita una interacción con otros cerebros experimentados que le sitúe dentro de unos parámetros, de unos límites. En una familia, continuamente se están estableciendo las reglas de la convivencia. El objetivo es que, poco a poco, gracias a esa influencia externa, se vayan generando conexiones cerebrales “adecuadas”. Y cuando se formen y consoliden esas conexiones, lo externo se tiene que ir diluyendo, para dar paso a reglas internas. (En el próximo curso de educación emocional de Familias en la Nube se abordará este tema).

El paso de lo exterior a lo interior debe ser progresivo, acorde con el desarrollo evolutivo del niño o niña. Para que sea autocontrol, debe desvanecerse paulatinamente el control externo.

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La mochila de las decisiones

La mochila de las decisiones.

En cualquier campamento base se toman cientos de decisiones diarios.  Educar es intervenir, e intervenir es tomar decisiones, gestionar conflictos. En cualquier familia, continuamente se toman decisiones para favorecer el desarrollo integral de los niños y las niñas, para crear y mantener un apego seguro, para fomentar su responsabilidad. En definitiva, se toman decisiones para enseñar a tomar decisiones. Se resuelven conflictos para enseñar a resolverlos en un futuro.

 Es fundamental aprovechar la cantidad de oportunidades y de momentos clave que se tienen en el desarrollo en la infancia y adolescencia para ofertar seguridad, para fomentar su responsabilidad. Para mejorar, para madurar, hay que entrenar. Y para entrenar hay que tener oportunidades de elegir el postre, la hora de volver a casa, la asignatura por la que se empieza a estudiar, la ropa, la siguiente actividad lúdica. A lo largo de cada día, hay innumerables situaciones en las que pueden aprender a tomar decisiones.

La toma de decisiones es la herramienta por excelencia para resolver conflictos, y con ello para fomentar la responsabilidad y la autonomía.

Controlar la situación.

Para tomar decisiones se necesita tener la sensación de controlar la situación, que exista más de una alternativa a elegir, y la capacidad de realizar un mínimo juicio predictivo de los desenlaces de cada alternativa. Si no hay alternativas, no se pueden tomar una buena decisión.

Los padres y madres deben saber jugar de forma adecuada con el control, las alternativas y los desenlaces, si se quiere fomentar la responsabilidad en los niños de manera gradual. Un niño no puede asumir una responsabilidad, no puede tomar una decisión, si no está bajo su control.

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