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Educación en valores y el semáforo inteligente

La familia es la primera escuela de los valores. Porque la familia es el fundamento de toda sociedad civil bien construida, porque es la puerta de entrada al territorio, a la comunidad. Y porque es indispensable para el logro del interés colectivo y de las relaciones respetuosas.

El desarrollo del respeto, la tolerancia, la libertad, la participación, la solidaridad  social, entre otros valores, se inicia en la interacción padres-hijos. Cualquier interacción, a cualquier edad, va forjando ese sistema de valores, lo que una persona considera deseable, tanto a nivel individual como colectivo. Cada familia debe elegir cuáles son los valores que quieren potenciar, y lo más importante, cómo va a ser el marco de referencia para hacer posible que los hijos y las hijas construyan su propia sistema de valores.

Valores y educación forman una unidad inseparable. La educación no es neutra. Se prefieren, se desean, se eligen los valores. Los valores dan sentido a la educación, dan sentido a la vida. Son los que motivan a la acción, orientan las decisiones, las que guían el comportamiento.

Al principio, todo lo referente a los valores lo deciden los padres y las madres: dónde se vive, a qué colegio va, qué se consume, en qué se cree, qué juguetes se usan, qué se puede hacer en el tiempo libre… Lo deseable se enmarca en el semáforo rojo, está bajo control adulto, ya que el cerebro de los hijos e hijas no está preparado para construir una realidad. Por eso la importancia de decir No de determinada manera, como explicamos en Familias en la Nube en el curso de poner límites de forma respetuosa, para ayudar a interiorizar lo que NO es deseable tomar decisiones en los diferentes contextos sociales donde se van a desenvolver.

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Las actividades extraescolares: ¿quién, por qué y para qué?

La vuelta al cole siempre produce un revoltijo emocional a veces difícil de describir. En las hijas e hijos, y en los padres. Son varios los asuntos que hay que atender, y entre ellos siempre está el tema de las actividades extraescolares.

Yo aplicaría la técnica de las tres cuestiones para reflexionar sobre ello. Bueno, podrían ser más.

  1. ¿Quién decide las actividades extraescolares?
  2. ¿Por qué se decide esas actividades?
  3. ¿Para qué se decide esas actividades?

1.- ¿Quién decide?

Lo primero que viene a la cabeza es la edad. A menor edad, más decisión adulta. Lo que implica que a mayor edad, menos decisión adulta. Aunque el objetivo educativo, para que haya aprendizaje, sea motivador y emocione, hay que intentar que la decisión la construya el hijo o la hija  cuanto antes. Acordaros de nuestro famoso semáforo inteligente:

  • hay actividades que no se pueden elegir (semáforo rojo) por su coste, desplazamiento, temática. El control y la decisión es adulta.
  • Hay actividades que se pueden elegir, pero de forma conjunta y negociada (no impuesta) con los hijos e hijas (semáforo amarillo).
  • Y en el semáforo verde, la decisión de qué actividades quiere realizar la den¡be tener el niño o la niña.

La recomendación que siempre doy en las terapias es “busca el equilibrio”. Tan negativo es que con 15 años esté todo en el rojo, como con 5 años esté todo en el verde. Los tres colores a todas las edades. El porcentaje de cada color, con un café lo pensáis (o lo piensas).

¿Por qué se decide esas actividades?

¿Por vosotros?

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¿Violencia de hijos a padres?

Cada cierto tiempo aparecen en los medios de comunicación noticias relacionadas con violencia familiar, en concreto, violencia de los hijos e hijas hacia sus padres. El último titular que hemos visto ha sido: las denuncias a menores por parte de sus familiares ante la justicia han pasado de 2.500 a 5.000 en los últimos 5 años. Es decir, se han duplicado.

A partir de aquí, las familias se preguntan los motivos, cómo es posible que se llegue a esa situación, quien es el responsable de que esto ocurra. Bajo nuestro punto de vista, hay dos posibles miradas a este conflicto:

  1. Mirada al menor: hay profesionales que se centran en estudiar y analizar el conflicto desde la perspectiva del menor. Buscando patologías, poniendo etiquetas a su comportamiento, ofertando medicamentos que subsanen su problema. Se les llama pequeños tiranos, síndrome del emperador, niños desobedientes o con trastorno negativista desafiante. El problema es del menor, y hay que inventarse procesos terapéuticos que les ayuden a controlar su ira y agresividad, por ejemplo. Se le lleva a terapia, a hacerse electros o se le ingresa en un centro.
  2. Mirada al mundo adulto: ¿Cómo han educado esos padres a ese hijo o hija?, ¿qué ha hecho la sociedad?, ¿qué apoyos institucionales han tenido esos padres?, ¿qué mensajes hemos trasmitido los profesionales a esos padres para educar mejor? Esta perspectiva se centra en cuales han sido las condiciones socioeducativas que ha tenido ese menor para crecer y madurar bajo la bandera de la felicidad y la responsabilidad.

Familias en la Nube se posiciona claramente en esta segunda mirada. No estamos de acuerdo en señalar al menor como fuente del problema, estamos en la línea de buscar la responsabilidad y la solución del problema en el mundo adulto.

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Uso de la tecnología: lo negociable y lo no negociable

En un estudio realizado por el Ministerio de Sanidad y Asuntos Sociales, de quien depende todas las políticas de parentalidad positiva, sobre las preocupaciones educativas de las familias, aparece en primer lugar el uso de las pantallas: móviles, TV, ordenadores, tablets… Y en aumento.

 La tecnología está invadiendo el tiempo libre de nuestros hijos e hijas a una velocidad de vértigo, aumentando la probabilidad de realizar un mal uso, donde las secuelas del mal uso pueden ir apareciendo poco a poco.

Sin embargo, las investigaciones (la mayoría realizadas por empresas del sector) intentan concluir que las pantallas son buenas para el desarrollo del cerebro infantil, obviando los posibles problemas asociados a su utilización. Pero una cosa está clara,  a mayor espacio virtual, menor aprendizaje del espacio real.

Las familias tienen que poner especial cuidado con el uso de cualquier tipo de pantallas. Es clave realizar un uso responsable de ellas en el hogar. Como criterio general, un uso responsable sería cuántas menos pantallas, mejor, especialmente aquellas que solo emiten, excluyendo cualquier interacción, como pasa con la televisión. El cerebro apenas se ha modificado en los últimos 50.000 años, por lo que evolutivamente no se está capacitado para manejar el mundo virtual. Por eso los niños y las niñas, y cada vez más también los adultos, son tan vulnerables ante la tecnología, ante las pantallas. Sólo hay que pensar lo que cuesta apagar la televisión,  dejar el ordenador o terminar con un videojuego. O a ti, padre o madre, que escuchas el sonido de que te ha entrado un mensaje en el móvil, cuanto tiempo aguantas sin atenderlo.

 ¿Qué hacer?

Es fundamental para un buen uso en la tecnología estructurar y normativizar su uso desde el inicio.

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Responsabilidad y consumo de alcohol: ¿es posible?

Me acaban de decir que el otro día vieron a mi hija borracha en la calle. ¡No puede ser! ¿Qué hacemos? Me entran ganas de…

Esta situación suele disparar los miedos y las alarmas del mundo adulto. La realidad y la interpretación de la realidad, cuando no coincide, suele acarrear más problemas que soluciones. Para definir si un consumo de alcohol es problemático o no lo es, es necesario tener en cuenta siempre estás tres variables:

  • Individuales: edad de consumo, la información que dispone sobre el alcohol, la funcionalidad que se busca, las expectativas de consumo…
  • Sustancia: cantidad, calidad, efectos sobre el organismo…
  • Contextuales: consumo grupal, creencias sobre esa sustancia, momento histórico y cultural…

Según estas variables, puede existir no consumo, consumo responsable, o consumos de riesgo. Es decir, esa adolescente puede estar en un botellón sin beber, bebiendo de forma moderada, o bebiendo de forma abusiva y problemática. Es necesario abordar el tema. ¿Cómo? Sería algo así, eligiendo un momento adecuado, claro.

Hola cariño, me han comentado que el otro día te vieron bebiendo alcohol con tus amigas. Cuando quieras, me gustaría hablar del tema contigo.

A partir de aquí, hay diferentes caminos, dependiendo de:

  1. La historia de aprendizaje previa que tenga en la interacción con el mundo adulto. Si otras veces se ha sentido escuchada, entendida, aceptada, o por el contrario, se ha comunicado desconfianza, regañinas, incomprensión…
  2. Los recursos aprendidos que tenga la hija para gestionar la situación. ¿Tiene autocontrol suficiente o necesita control externo? Si necesita control externo, revisa lo explicado en el semáforo amarillo del curso de Familias en la Nube.
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Oportunidades para desarrollar su responsabilidad: los horarios

Han pasado 20 minutos de la hora que has quedado con tu hijo o hija que regresará, y no sabes nada. ¿Qué harás cuando llegue? ¿Qué está pasando por tu cabeza durante esos 20 minutos? No es lo mismo pensar que habrá perdido el autobús, o que me lo han secuestrado. Los pensamientos van a su aire, y cada cerebro fabrica sus pensamientos, sus anticipaciones, sus predicciones (otra cosa es que se lo crea). Es su trabajo.

Por eso, los pensamientos van a ser claves a la hora de afrontar esta situación. Antes de actuar, es fundamental dedicar un tiempo a analizarlos, a darles una vuelta, buscar otras formas alternativas de pensar.

Manejar la incertidumbre, saber esperar, no sacar conclusiones sin datos, serán buenas estrategias previas para fomentar la responsabilidad en los hijos e hijas.

Pasado 30 minutos, llega tu hijo o hija, ¿qué haces? Aquí van algunas claves:

  1. Actuar con tranquilidad: para actuar, es importante que hayas conseguido frenar tu preocupación. Si la preocupación te desborda (la liebre de Familias en la Nube es la protagonista) aparecerán las amenazas, castigos, sermones, que ya se sabe que no funcionan para afrontar y prevenir futuros conflictos. Un “ya hablaremos” es más inteligente si tu tortuga no ha conseguido controlar a tu liebre.
  2. Llegar a un compromiso: aplicar una consecuencia sin estar pactada de antemano suele construir ira en lugar de responsabilidad. Por eso, hay que preguntar ¿qué te gustaría que hicieran papá y mamá la próxima vez que llegues tarde? Con su participación, se establece una norma. Claridad y concreción en las propuestas, equilibrio entre alternativas y consecuencias, acuerdo y percepción de ganar algo entre ambas partes.
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Rabietas: amables con la emoción, coherentes con la conducta

La rabieta es una respuesta que nace desde la inseguridad para buscar seguridad. Surge cuando el niño o la niña buscan su independencia (alrededor de los 2 años), y  necesita tener oportunidades para ir aprendiendo a tomar decisiones. Por eso, las rabietas tienen su función. Aparecen cuando los padres deciden algo que al niño o niña no le gusta, o quiere decidir algo el niño o la niña que no se le permite.

La rabieta es una emoción

Las rabietas son los primeros brotes de la emoción de la ira. Y la ira, aunque tiene mala prensa, es una respuesta natural que nos ayuda a adaptarnos ante situaciones que percibimos como injustas. Gracias a la ira reaccionamos ante las injusticias de nuestro alrededor, nos ayuda a sobrevivir, a generar espacios donde la justicia sea un valor. Enseñar a controlar la ira en los hijos e hijas es un objetivo educativo principal.

Algunas claves

En líneas generales, la respuesta adulta ante una rabieta ha de tener dos vertientes: las emociones y las conductas.

  • Ante las emociones, siempre atenderlas, ayudando a nuestros hijos e hijas a identificar la emoción, con empatía y respeto. “Entiendo que, comprendo que” son verbos que son necesarios. Para atender a una emoción infantil y adolescente hay que saber controlar las emociones adultas. Si ante una rabieta, tu reacción es de enfado, ¿cómo le ayudas a controlar sus emociones si sabes controlar las tuyas?
  • Ante las conductas, firmeza y coherencia. En educación hay que ser creíble. Si has dicho No, haz No. Si les has dicho que para poder ver dibujos, hay que estar con el pijama puesto,
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Oportunidades para desarrollar su responsabilidad: su imagen

¡Venga vístete ya! Todos los días igual, de verdad. A ver si espabilas ya. ¿Te vas aponer esa cazadora? No, hombre, ponte este abrigo mejor, que va a llover. ¡Qué desastre! Es que siempre llegas tarde al trabajo. ¡Todos los días igual!

Desde Familias en la Nube deseamos de todo corazón que no te ocurra esto en el futuro. La forma de vestir, el corte de pelo, su higiene personal, entre otras cosas, son aspectos que los padres tienen que aprender a traspasar las responsabilidades, a dejar de ser imprescindibles. Llega un momento que digamos lo que digamos, nuestros hijos e hijas van a decidir lo que desean. Esto es un proceso que tiene innumerables situaciones, como la que va a continuación, para fomentar su responsabilidad.

Mamá ¿qué me pongo?

Pues no sé, hija, lo que sea.

¡Jo, dime algo!

Pues ponte el vestido verde.

¿El vestido verde? Siempre me dices el mismo.

Ya, es que a mí me gusta mucho cómo te queda. Pero tú verás.

Pues prefiero esta blusa con estos vaqueros.

¡Ah! ¡Pues me parece bien!

¿Crees que me queda bien? ¡No te veo muy segura!

¡Póntelo, a ver si estás cómoda!

¡Si claro! ¿Y si no me sienta bien? ¡No me ayudas en nada! Entiendo que te cueste elegir la ropa. No es fácil a veces. Yo confío en que sabrás elegir.

Si, seguro que luego me pongo lo que sea y lo criticas.

Te he dicho lo que me gustaba,

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Claves para acompañar sus decisiones: amistades

“Pues el otro día quedaron todos mis amigas, ¡y a mi no me dijeron nada, mamá!

¿Qué le dirías a tu hija si te ocurriera algo parecido?

  • Se les habrá olvidado, cariño.
  • No pasa nada, ¡por una vez que no salgas!
  • La próxima vez me avisas antes y nos vamos contigo al cine.
  • Te tengo dicho que esos amiguetes tuyos no son mucho de fiar.
  • No te preocupes, así tienes más tiempo para estudiar.

 Imagínate que una amiga tuya te dice: Pues el otro día quedaron todos mis amigas del trabajo, ¡y a mí no me dijeron nada! Y tú le contestas cualquiera de las respuestas anteriores, ¿cómo se sentiría?

Está claro que ninguna mamá ni ningún papá le gusta ver sufrir a su hijo o hija, y que somos capaces de realizar cualquier acción con tal de que no sufran, por lo que habitualmente se tiende a minimizar la situación de conflicto, ofertar alternativas, resolver su problema. Pero, ¿realmente es esta nuestra labor?, ¿estamos para resolver sus problemas o para darles herramientas que les ayuden a afrontarlos? En el fondo, cuando un hijo o hija cuenta algo que sus padres no controlan, no es que quiera que asuman el control, sino que se sienta apoyado para gestionarlo.

Lo que está diciendo entre líneas es: entiéndeme y ayúdame a que yo resuelva el problema.

Hay que atender el mensaje emocional. Para que se sienta entendido, para que su cerebro construya una solución, es fundamental atender a sus emociones en el inicio. Y más tarde,

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¡No quiero seguir con los estudios!

Uno de los grandes temores de los padres y madres en la actualidad es que su hijo o hija con 17 años (o a cualquier otra edad) les diga: “No quiero seguir estudiando”. La mayoría de las veces es una provocación, cuyo mensaje oculto suele ser: Os habéis preocupado tanto por mis estudios, durante tanto tiempo, que he perdido la ilusión y la motivación. Quitaros la responsabilidad  encima para que podáis para darme una nueva oportunidad de responsabilizarme.

Otras veces tiene apariencia de cierta madurez. Su cerebro, en proceso de construcción, piensa que las cosas le van a ir fenomenal, que no va a tener ningún problema para que le den cualquier tipo de trabajo. Bueno y si no lo encuentra ahora no pasa nada, ya lo encontrará. Y puede decir: papa, mamá, voy a dejar de trabajar. Quiero trabajar en una pizzería.

Lo que está claro es que es una decisión que, tarde o temprano, ya no está bajo el control de los padres.

Pueden existir, al menos, dos respuestas:

  1.  ¿En una pizzería? ¿De repartidor? Pero si pagan fatal, y tienen unos horarios de explotadores. Seguro que no aguantas. Lo que deberías hacer es apuntarte a algún curso de formación y aprender un oficio como dios manda. Y también te digo otra cosa, así no puedes estar mucho tiempo, que ya eres mayorcito.
  2.  Uf, no me esperaba oír esto que nos dices. ¿Te apetece que hablemos de ello en la cena y nos cuentes con detalle cómo has llegado a decidir esto? Por cierto, hoy cenamos pollo.

 Analizando las respuestas

 ¿Qué respuesta muestra más confianza y respeto?

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