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¡No quiero seguir con los estudios!

Uno de los grandes temores de los padres y madres en la actualidad es que su hijo o hija con 17 años (o a cualquier otra edad) les diga: “No quiero seguir estudiando”. La mayoría de las veces es una provocación, cuyo mensaje oculto suele ser: Os habéis preocupado tanto por mis estudios, durante tanto tiempo, que he perdido la ilusión y la motivación. Quitaros la responsabilidad  encima para que podáis para darme una nueva oportunidad de responsabilizarme.

Otras veces tiene apariencia de cierta madurez. Su cerebro, en proceso de construcción, piensa que las cosas le van a ir fenomenal, que no va a tener ningún problema para que le den cualquier tipo de trabajo. Bueno y si no lo encuentra ahora no pasa nada, ya lo encontrará. Y puede decir: papa, mamá, voy a dejar de trabajar. Quiero trabajar en una pizzería.

Lo que está claro es que es una decisión que, tarde o temprano, ya no está bajo el control de los padres.

Pueden existir, al menos, dos respuestas:

  1.  ¿En una pizzería? ¿De repartidor? Pero si pagan fatal, y tienen unos horarios de explotadores. Seguro que no aguantas. Lo que deberías hacer es apuntarte a algún curso de formación y aprender un oficio como dios manda. Y también te digo otra cosa, así no puedes estar mucho tiempo, que ya eres mayorcito.
  2.  Uf, no me esperaba oír esto que nos dices. ¿Te apetece que hablemos de ello en la cena y nos cuentes con detalle cómo has llegado a decidir esto? Por cierto, hoy cenamos pollo.

 Analizando las respuestas

 ¿Qué respuesta muestra más confianza y respeto?

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La paga es una buena estrategia para prevenir muchos conflictos asociados al manejo del dinero. Es una oportunidad para que los hijos/as aprendan a tomar decisiones, a planificar, a anticipar, a organizarse, a responsabilizarse.

“¿Cuándo? y ¿cuánto?” son preguntas que los profesionales no podemos contestar. Depende de muchas variables (economía familiar, edad, creencias, valores…). Cada uno dentro de sus posibilidades, debe intentar abrir esta ventana ya que es una buena estrategia para fortalecer su autocontrol y responsabilidad,

¿Cómo hacerlo?

1.- Aprovechar el momento adecuado. Los hijos e hijas dan señales de que quieren autogestionar el dinero: te piden a destiempo, de forma insistente, desaparecen algunas monedas… Estos momentos son claves, no para regañar o sermonear, sino para estructurar una realidad que le ayude a tomar decisiones.

2.- Comunicar al hijo/a la idea de darle una paga. Para que vaya pensando cuando dársela, la cantidad…Es importante que participe en la toma de decisiones desde el inicio. Haciendo preguntas, no imposiciones.

3.- Sentarse a hablar y llegar a un acuerdo. Con escucha, razonamiento y empatía se concreta la paga: la cantidad, el intervalo de tiempo, el día que se entrega el dinero, los gastos que se incluyen. Y con amabilidad, flexibilidad y claridad, se concreta el compromiso, y se temporaliza.

4.- Los adultos cumplen ese acuerdo, que se resume en dos cosas:

4.1. Dar el dinero pactado. Es decir, cumplir lo que has dicho. Ni una moneda más, ni una menos.

4.2. Respetar  y dar mensajes de confianza en las decisiones del hijo/a de cómo gestiona ese dinero, haga o que haga.

Lo importante es llegar al compromiso. 

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¿Por qué me provoca mi hijo/a?

Todos los niños y niñas provocan. Con su silencio, con sus frustraciones, con sus evitaciones, con sus salidas de tono. La provocación de los hijos e hijas suele revolotear por todas las fases evolutivas, especialmente en la adolescencia. Es un intento desesperado y más o menos torpe, del hijo/a por resolver los problemas, por situarse en el mundo, porque lo que desea y necesita para seguir creciendo es encontrar la seguridad y la credibilidad en sus padres. Si pudieran expresarlo de forma adecuada, sería algo así:

Papá, mamá, os provoco porque no me fío de vosotros, porque me invade la inseguridad, porque no sé lo que esperáis de mi. Y la única manera de posicionaros es con mi provocación. Os provoco cuando sois impredecibles, cuando detecto contradicciones entre lo que decís uno y otro, o entre lo que decís y hacéis. Os provoco cuando no me siento entendido, cuando me decís todo el rato lo mismo, a base de regañinas, sermones y gritos, cuando necesito de vuestra confianza y respeto y no la encuentro, cuando puedo tomar decisiones y las tomáis por mi.

Alguna recomendaciones para afrontar las provocaciones

  • Hay que llevarse bien con la provocación, esperándola, incluso dándole la bienvenida. Es una oportunidad de oro para ejercer buenas prácticas, para analizar las funciones parentales, para cambiar lo que no funciona, para traspasar responsabilidades.
  • Saber identificar el tipo de provocación: los silencios, el hacer la pelota, las faltas de respeto. Tienen memoria y ponen en práctica aquellas provocaciones que les han sido útiles en el pasado.
  • Descifrar el código emocional, el mensaje oculto de la provocación. Lo primero, atender el plano emocional de la provocación.
  • Y escuchar, pero sin entrar al trapo,
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Mi cuaderno de bitácora: el registro educativo

¿Cómo llevas el tema de las tareas escolares de tu hijo o hija? Independientemente de si estás de acuerdo o no con el tema deberes, es una tarea familiar conseguir  que se apasionen con el aprendizaje, con la lectura, con la curiosidad, en definitiva con lo que hacen.

Imagínate que tiene que resolver un problema de matemáticas. Dependiendo de situaciones anteriores, de su motivación, cansancio, tolerancia al esfuerzo, manejo de sus frustraciones, de sus competencias y habilidades, esto puede ser un conflicto o no. Hacer algo relacionado con los estudios y las tareas es un buen momento para facilitar herramientas que ayuden a construir su propio aprendizaje, motivando a caminar por las diferentes fases del proceso que toda toma de decisiones requiere. Esto cuesta esfuerzo. La situación terapéutica que más nos encontramos en Familias en la Nube es:

Papa, no lo entiendo

 A ver, hijo mío ¿qué tienes que hacer?

¿Dividir?

No hombre, lee bien el problema

¿Multiplicar?

Eso es. ¡Ves cómo sabes!

El hijo o hija elige dos datos al azar y se pone a multiplicar.

 ¡No hijo, no! No se multiplica 327×2, es 372×12. Te preguntan docenas ¿no te das cuenta?

¡Ah! ¡Es verdad!

El hijo hace la multiplicación y se confunde…

 ¡Eso no es un 3, es un 6!

¡Gracias!

¡Eso es! ¡Ya lo tienes bien! ¡Lo ves qué fácil!

 

CONTRASTA CON ESTA OTRA SITUACIÓN

Mamá, no lo entiendo

A ver,

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La frase que desespera a los padres: "Me da igual"

Es que tengo que estar encima de ellos para todo. Es agotador, Y encima, me dice que le da igual. ¡Es increíble!

 La palabra motivación deriva del latín motivus o motus, que significa ‘causa del movimiento’. Como padres o madres  desespera cuando los hijos e hijas tienen que “moverse” y no lo hacen, o se tienen que estar quietos y se “mueven”. Y las pautas educativas que se ponen en marcha deben canalizar de forma inteligente estas “motivaciones”. Hay que descifrar las causas del movimiento, y las del no movimiento.

Cuando un niño o niña dice “me da igual”, lo que está diciendo es que las condiciones que se han puesto en juego por parte del mundo adulto no son aceptables por su parte. Sobre todo lo observo en los procesos de negociación, en las situaciones que los padres quieren que haga algo a cambio de algo.

Cuando dices, por ejemplo, jugamos con la plastilina cuando recojas las pinturas, cariño, pueden pasar al menos dos cosas, reflejadas en el siguiente esquema.

 

 

SITUACIÓN 1 SITUACIÓN 2
HIJO No quiero recoger las pinturas No quiero recoger las pinturas
ADULTO Hemos quedado que para jugar con plastilina ibas a recogerlas Pues como te pongas cabezón no jugamos con plastilina.
HIJO ¡Es que no me apetece! Me da igual
ADULTO Como tu veas Pues hala, castigado sin plastilina. Tú sigue así que….
HIJO ¿? ¿?
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Mi hijo habla de drogas!!!

¡Pues claro que habla de drogas! Todos hablamos de las drogas, y nuestros hijos e hijas también. Para bien o para mal, para posicionarse a favor o en contra, se hablan de las drogas. Y cuando hablo de drogas, hablo de drogas, no de tabaco, alcohol y drogas.

Es tan incorrecto decir tabaco, alcohol y drogas, como pera, manzana y frutas.

Consumir una droga es una decisión, una conducta.  Y esa decisión se elabora durante años, no es de un día para otro. Antes de la etapa de consumo, hay una etapa de preconsumo, o de “diálogos sobre las drogas”, que en todo grupo de iguales existe. Si en España la edad de inicio del consumo de drogas ronda los 14 años, la edad de inicio de posicionamiento previo al consumo puede empezar dos años antes.

Lo que hablan del botellón que ven en la calle, de las borracheras que salen en las series de televisión, cuando ven a Hommer Simpson borracho, está marcando su futuro consumo irresponsable o responsable, su condición de abstinencia ante ese consumo o su situación de abuso o dependencia a esa droga.

Actitud ante las drogas

Van aflorando las actitudes, esa predisposición favorable o desfavorable al consumo de ciertas sustancias. Si expresan opiniones positivas hacia los consumos, lo valoran como algo deseable, algo motivador que les puede emocionar; si los comentarios en el grupo van en esa dirección; si alaban los perfiles de personas consumidoras, cercanas o lejanas, las probabilidades de cuando le ofrezcan algo de DECIR NO se disminuyen.

Está claro que llega un momento que el consumo de drogas de nuestros hijos o hijas está fuera de nuestro control.

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Inteligencia emocional aplicada a la educación familiar.

Imagina una escena típica de inteligencia emocional. Vas hacia tu casa y tienes la ilusión y el deseo de que cuando llegues, tu hijo haya recogido el lavavajillas, ya que se lo has puesto en una nota antes de irte. Entras en casa, está tumbado en el sofá con el móvil, y el lavavajillas sin recoger. ¿Qué te pasa por la cabeza? ¿Qué es lo que haces?

La gestión de emociones y la impulsividad en la toma de decisiones.

En otros artículos del blog te hemos detallado los dos procesos de toma de decisiones. El basado en la impulsividad y los instintos, que representamos con la liebre y otro más racional gestionado por la tortuga.

Probablemente, lo que te diga la liebre y lo que te diga tu tortuga sea diferente.

  • La liebre reaccionaría primero, y  te diría que no puede ser, que ya está bien,  que tu hijo vive como Dios y te toma el pelo. Encima parece que lo hace aposta para hacerte daño y reírse de ti, que como siga así ni va a estudiar ni hacer nada, y que con treinta y tantos años seguirá chupando del bote. Si te convence, tus conductas se centrarán en echarle la bronca, enfadarte, castigar…
  • La tortuga tarda más tiempo en reaccionar, y lo que diría más  menos sería: espera, no le digas nada, piensa que haces, las broncas no te sirven, ni los castigos, a lo mejor no ha visto la nota, pregúntaselo, o dile que antes de comer tiene que recoger el lavavajillas, no te calientes que luego te arrepientes de lo que le dices…

A su vez,

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La planificación en la toma de decisiones

Y aquí viene el otro personaje fundamental para la planificación en la toma de decisiones. La tortuga.

La importancia de la planificación.

La tortuga es lenta y minuciosa. No le gustan las prisas. Su cueva está en el lóbulo frontal del cerebro. La tortuga necesita su tiempo para tomar decisiones. Indaga, analiza, reflexiona, selecciona. A la tortuga le gusta planificar, organizar, pronosticar, valorar, razonar, pensar. En definitiva, es el personaje que tiene que liderar el cerebro. La tortuga es lo racional. Tiene como misión hacer predicciones, reducir la incertidumbre de alrededor, hacer que el cerebro se centre en una tarea, anticipar las consecuencias de un comportamiento, contextualizar las normas de convivencia.

En resumen, es la encargada de planear las acciones con antelación y tomar decisiones de una manera organizada y eficiente.

El desarrollo de la planificación en la toma de decisiones desde la infancia.

La tortuga, en el bebé, es un huevecito. Y su crecimiento y maduración va a depender de las posibilidades que le oferten sus cuidadores con sus formas de educar, aspectos que se trabajan en los diferentes cursos para mejorar tus habilidades parentales que te proponemos en Familias en la Nube.

Es la encargada de llevar a cabo lo que desde la neurología llaman funciones ejecutivas, a saber: prestar atención, reconocer objetivos, formular intenciones, elaborar un plan, ejecutarlo, valorar el logro…

A la tortuga le gusta tener a mano toda la información disponible para tomar decisiones. Puede ser que nunca sea le sea suficiente. Quiere saber la verdad antes de planificar. Necesita situarse, tener percepción de control, para saber dónde está,

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Las emociones en la toma de decisiones

El papel de las emociones en la toma de decisiones.

Estás en casa tan tranquila, y de repente escuchas ¡¡FUEGO, FUEGO!! No te veo que tu reacción sea prepararte un café, sentarte en el sillón y acomodarte para ver una película. Esto no sería una decisión responsable, sobre todo si tus dos hijos están en su habitación durmiendo.

Un ejemplo como este evidencia el papel de las emociones en la toma de decisiones. En este caso, lo más inteligente  es tener un mecanismo decisorio rápido y eficaz para seguir viviendo. Tú y los tuyos. Y aquí entran en juego las emociones, representados por nuestro personaje ficticio: la liebre.

La liebre vive en una parte del cerebro que se llama sistema límbico. Representa lo emocional. Se encarga de avisar al cerebro de los peligros, de las amenazas. Es todo instinto de supervivencia.

La especie humana está en este planeta gracias a la liebre. Nada más nacer ya se necesita una liebre despierta para la búsqueda de la satisfacción de las necesidades. Gracias a la liebre, se reconoce la alegría, la sorpresa, el miedo, la ira, el asco o la tristeza. La liebre hace que las personas tengan ilusiones, sueñen, sepan para qué viven, deseen estar en el planeta y ser felices.

La liebre en la historia de la humanidad.

La liebre, en sus orígenes, era puro instinto. Huir de los peligros, y acercarse a los beneficios. Por cierto, ya hemos dicho que eso es lo que sigue haciendo la especie humana, y sobre todo nuestros hijos e hijas (huir de lo que no gusta, e intentar conseguir lo que gusta). A diario podéis encontrar ejemplos de conflictos cotidianos en este sentido.

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La toma de decisiones y el cerebro infantil

Hay personas que razonan adecuadamente pero luego toman decisiones desacertadas. ¿Por qué ocurre esto? La educación está repleta de situaciones de toma de decisiones incongruentes.

  • Grito, pero no quiero gritar.
  • No quiero amenazar, pero acabo amenazando.
  • Intento ser coherente y amable, pero la situación me desborda.

La toma de decisiones desde el punto de vista cerebral

Tomar decisiones es algo más que razonar. La toma de decisiones depende de múltiples operaciones que se dan en el cerebro. El cerebro es la herramienta más poderosa y avanzada que tiene el ser humano. Es muy complejo, pero nuestra idea es intentar dar una visión lo más sencilla posible de cómo funciona.

Vivir es ilusionarse, es desear, es emocionarse. En el fondo, en su más remoto origen, el deseo y la ilusión, como motores de la acción humana, eran simples respuestas instintivas. Quiero esto (un beneficio como comida, calor, sexo…) y no quiero esto (huir de situaciones peligrosas o incómodas). Esto es motivación, llanamente. A pesar de la evolución y de los cambios, los hijos e hijas mantienen este patrón de respuestas, ya que el cerebro busca esas dos vías para sobrevivir.

La evolución de las emociones.

Hace 50.000 años no importaba si tu hijo o hija hacía la cama, estudiaba, o estaba mucho tiempo con el móvil.

Pero el cerebro sigue funcionando igual ahora que hace 50.000 años, sólo que en lugar de buscar compañía, alimento y refugio, y evitar el frío o los depredadores, ahora son otras problemáticas. Por ejemplo:

  1.  Mi hijo quiere ver la TV, pero se la apagamos porque es tarde.
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