¡Mi hijo necesita un psicólogo! No, perdone, ¡necesita una familia!

familias inteligentes

Es frecuente que las familias consulten a los profesionales de la salud por problemas derivados del comportamiento de sus hijos, en la mayoría de los casos, referidos a que se “porta mal”, no atiende, no obedece, no respeta las normas. Es lógico, las familias quieren hacer bien su función, y buscan que alguien les dé explicaciones de por qué su hijo se comporta así, y sobre todo, qué pueden hacer ellos para solucionarlo. Los profesionales podemos tomar dos caminos: centrar la intervención y el diagnóstico en la situación familiar, sobre todo la interacción padres/hijo, o en el menor (y en su cerebro).

Los profesionales que atienden los problemas de conducta en primera línea, como el profesorado y los pediatras, tienen una importancia vital. Si en su trabajo diario se encuentran con familias que no tienen los recursos educativos necesarios para atender las necesidades de un menor, en lugar de centrar toda la atención en el cerebro del niño, “este niño tiene algo”, e iniciar todo un fatigoso camino de profesionales y pruebas, creemos más inteligente centrar la atención en dotar de herramientas educativas eficientes a sus familias.

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Para intentar detectar un problema psicológico, en cualquier proceso diagnóstico, sería muy interesante buscar respuestas a ciertas preguntas relacionadas con el contexto educativo familiar de ese menor. Antes de derivar o visitar a un especialista, es inteligente indagar en alguna de estas cuestiones (a quien competa):

– ¿Se siente querido y amado incondicionalmente por su familia?
– ¿Experimenta cuidado, atención y protección?
– ¿Se atiende a las necesidades del menor?
– ¿Percibe el hijo disponibilidad por parte de su familia?
– ¿Se ha creado un vínculo afectivo que aporta seguridad?
– ¿Está la familia preparada y comprometida para ejercer una crianza sana y respetuosa?
– ¿Está el hijo orgulloso de su familia?
– ¿Son predecibles, creíbles y coherentes las prácticas educativas?
– ¿Se ejerce la autoridad de una manera empática y amable?
– ¿Se puede decir NO al hijo sin discusiones ni manipulaciones?
– ¿Se muestra confianza cada vez que el hijo tiene que tomar decisiones en situaciones que la familia no controla?
– ¿Participa el menor en la toma de decisiones, permitiendo la negociación y estableciendo compromisos de forma cooperativa?
– ¿Son coherentes cumpliendo lo que se dice?
– ¿Se fomenta la responsabilidad del hijo conforme a su desarrollo evolutivo?
– ¿Se manejan las provocaciones (rabietas, conflictos) de manera respetuosa?
– ¿Hay ausencia de gritos, discusiones, castigos?

En definitiva, ¿existe buen trato y buenas prácticas educativas? Si es así, los niños pueden necesitar un psicólogo, un neurólogo, un psiquiatra (y una familia, claro). Si no es así,  ¡lo que necesitan es una familia!

Desde Familias en la Nube lo tenemos claro. Nos interesa ayudar a las familias a ser familias. Y no nos interesa la tendencia a evaluar al menor para etiquetar o diagnosticar ciertos problemas de la conducta infantil y adolescente. Nos interesa asegurarnos de que esos niños y niñas están recibiendo lo que realmente necesitan: un amor incondicional y un control respetuoso por parte de sus familias. No nos interesan muchas pruebas diagnósticas, derivaciones a centros de menores, electroencefalogramas y tomas de medicación, exclusivamente. Nos interesa ayudar previamente a las familias a cumplir su función. Así que, los niños en casa, y las familias al psicólogo, si procede.

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Psicólogo especialista en Psicología Clínica Infanto-juvenil y Terapeuta Familiar desde hace más de 25 años. Conferenciante sobre temas educativos, centrados en la parentalidad positiva, su modelo educativo consiste en dotar de herramientas a los padres y madres para que sepan poner límites de una forma respetuosa, con la responsabilidad y la felicidad como compañeras de viaje.

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