Los machistas son los otros

Los machistas son los otros

Estoy escribiendo este artículo desde Chihuahua, México. Es 9 de marzo de 2018. Escribo contento y triste a la vez. Estoy contento porque estoy orgulloso de lo que ha pasado en mi país el día 8 de Marzo. Pero triste porque queda mucho por avanzar en todo el planeta. Por ejemplo, en Ciudad de México, la cuarta ciudad más grande del mundo, con 20 millones de habitantes, han salido 4.000 mujeres a la calle.

En este sistema de patriarcado las mujeres nos están dando una lección. Hay que movilizarse para cambiar el mundo, y no queda otra que generar ciertas tensiones intelectuales para provocar reflexiones. Y ellas luchan, están luchando, y lucharán por el cambio. Y los hombres tenemos que facilitar ese cambio. Todos, sin excepción.

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Cuando empecé a trabajar, hace ya 28 años, empecé con personas que tenían problemas con las drogas. Al ser humano le cuesta aceptar que tiene problemas. Inventamos mecanismos diversos para continuar pensando que la vida nos va bien. Negando el problema, trivializándolo, poniendo el conflicto en otro lado, enfocando desde una óptica desajustada. Como decía, cuando empecé a trabajar, me llamo la atención que los que tenían problemas con las drogas eran los otros, siempre.

Esto tiene, al menos, una explicación derivada de la psicología social. Somos seres sociales, y necesitamos sentirnos integrados dentro de grupos. Esa integración se hace de dos maneras:

  1. La más inteligente, es buscando el encuentro, lo que une, lo que nos hace disfrutar de forma conjunta, con estrategias cooperativas que buscan la ganancia colectiva.
  2. La más torpe, señalando las diferencias, lo que nos divide con otros, buscando enemigos comunes, con estrategias competitivas que necesita que para que una persona gane, otra debe perder. Aquí nacen los estereotipos.

El estereotipo de drogodependiente era en los años 90 heroinómano, de más de 10 años de consumo, parado. Vale, yo consumo heroína, pero tengo trabajo (no tengo problemas). O yo consumo cocaína, no heroína (no tengo problemas). El estereotipo de machista es Torrente, es el que maltrata, es el que menosprecia a las mujeres. Y yo no soy Torrente, ni maltrato, y encima ayudo cuando puedo poniendo la mesa en casa. Yo no soy machista.

El gran éxito del patriarcado es conseguir que la mayoría de los varones, por no decir todos, digan que no son machistas, que los machistas siempre son otros. Creo que va siendo hora de admitir, sobre todo los de mayor edad, que nos han educado en un contexto de desigualdad injusta. Sin ir más lejos, cuando yo tenía 12 años mi madre no podía abrirse una cuenta bancaria sin el permiso de mi padre, por ejemplo. Y eso queda grabado. Y tenemos que luchar también como ellas para que esa historia de aprendizaje, esos automatismos, no sean protagonistas.

Creo que hay escuchar más a las mujeres, y aprender de ellas. A mi me ha venido muy bien desde siempre. Tengo la suerte de convivir con tres mujeres, que día a día me ayudan a identificar mis sombras machistas. Si, porque aunque creo que soy un buen padre y compañero, y que mi nivel de feminización progresa de forma adecuada, admitir que todavía se puede mejorar es el camino.

Cada conferencia que doy, cada terapia que realizo, soy más consciente de la necesidad de abrir más las puertas al feminismo (y es triste seguir recordando que el feminismo busca la igualdad), donde la maternidad y la paternidad se acerquen, se complementen, hagan equipo, ejerzan las mismas funciones. Donde un niño o una niña apenas diferencie el estilo educativo de su padre y el de su madre.

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En mi libro Familias Inteligentes escribía:

El estilo de aprendizaje es recíproco en una familia inteligente (tanto aprenden los hijos/as de los padres, como los padres de los hijos/as), si bien es cierto que, en un principio, este aprendizaje es más dependiente en el educando con respecto a quien le educa, aunque a los hijos/as les gusta ver que sus padres se esfuerzan por aprender y mejorar.

Pues bien, decirles a mis hijas de 18 y 16 años que están siendo mis grandes maestras del feminismo. Os quiero. Y mucho.

 

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Psicólogo especialista en Psicología Clínica Infanto-juvenil y Terapeuta Familiar desde hace más de 25 años. Conferenciante sobre temas educativos, centrados en la parentalidad positiva, su modelo educativo consiste en dotar de herramientas a los padres y madres para que sepan poner límites de una forma respetuosa, con la responsabilidad y la felicidad como compañeras de viaje.

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