¿Por qué los niños se portan mal? ¿Qué puedo hacer?

autismo

Para ejercer unas buenas prácticas educativas, basadas en el amor incondicional y en el control respetuoso, debemos entender porqué los niños se comportan como se comportan. Si se quiere cambiar esos comportamientos, no hay que centrar la atención en el niño exclusivamente, sino ayudar a los padres y madres a ejercer bien su función.

Cada vez acuden más familias a consultar a los profesionales de la salud y de la educación problemas relacionados con el comportamiento infantil. Se preguntan y preguntan por qué mi hijo me provoca, por qué llora por todo, por qué no me hace caso, por qué patalea o se enrabieta, por qué se pone así…

Familias inteligentes: claves prácticas para educar

El best seller de Antonio Ortuño que explica su revolucionario método para educar en familia. Descubre por qué confían en su libro más de 20.000 familias.

Aprenderás los métodos más utiles que han probado su eficacia con familias de todo el mundo en más de 25 años de terapia.

Aprovecha nuestra oferta limitada

Se portan mal por inseguridad, sería mi respuesta. Debajo de la mayoría de los problemas psicológicos en la infancia se suele encontrar un mismo patrón: menores inseguros. La inseguridad en los niños tiene diferentes rostros: miedosos, hostiles, sumisos, dependientes, distraídos, provocadores, agresivos, ansiosos, caprichosos, impulsivos, irresponsables, exigentes, influenciables, tiranos, evitadores, pasotas… Presentan alguno de los siguientes rasgos:

  • no suelen tener respeto,
  • poseen baja empatía y baja sensibilidad ante el daño que pueden provocar;
  • no saben esperar, lo quieren todo y ya,
  • les cuesta tolerar las frustraciones;
  • apenas tienen sentimientos de culpabilidad, echando la culpa a los demás sistemáticamente;
  • llaman la atención de forma inadecuada;
  • son máquinas de decir “me da igual”;
  • usan excesivamente la provocación, la mentira;
  • piensan que no deberían verse sometidos a ninguna molestia, que todo lo que no es beneficioso para ellos es injusto.

Cuando los profesionales se encuentran con menores con este perfil, tienen al menos dos caminos: enviar al niño a un tedioso recorrido de pruebas diagnósticas, visitando a diferentes profesionales, buscando etiquetas a su comportamiento, recetando fármacos que lo alivien, o bien, derivar a los padres a un recurso que les ayude a reflexionar sobre sus prácticas educativas. Recomiendo con mucho tesón realizar esto último siempre, y luego ya se verá.

Los niños nunca deberían ser los culpables de los conflictos que surgen en casa. No son pequeños tiranos, ni desean amargar la vida del adulto. Tampoco los padres son los culpables, pero ¡sí son los responsables! La inseguridad en los niños suele aparecer cuando algo no funciona en la dinámica familiar, cuando las funciones que tienen que ejercer los padres y las madres no se están llevando a cabo de manera adecuada: las pautas educativas impredecibles, repletas de contradicciones entre lo que se piensa, se dice y se hace; la escasez de amor incondicional, de cariño, ya que el niño ha de sentirse querido siempre, haga lo que haga; la presencia de gritos, regañinas, sermones, castigos; la falta de respeto y de confianza cuando los hijos pueden tomar decisiones; el excesivo control y protagonismo adulto. Todo esto depende de los padres.

Por eso, son los padres los que tienen que cambiar primero. Para modificar un comportamiento infantil, hay que hablar con los padres siempre. No vale limitarnos a señalar al niño, ponerle una etiqueta, realizar un diagnóstico, recetarle un fármaco o llevarle al psicólogo si antes no se ha trabajado con los padres, no se les ayuda a detectar lo que falla y a aprender herramientas para ejercer buenas prácticas educativas.

¿Cuáles son esas herramientas? ¿Cómo dar seguridad a nuestros hijos? ¿Cómo educar en el buen trato y con respeto?

Vamos con un ejemplo. Imagina que vas de excursión con tu familia. Dependiendo de la edad de tus hijos y de sus capacidades, habrá decisiones que sólo incumben al mundo adulto, otras decisiones se pueden compartir y otras decisiones serían exclusivamente de los hijos. Sería insufrible si todas las decisiones las toman los padres, o las toman los hijos, o todo se tiene que negociar. Un poco de cada cosa, el equilibrio es clave. De aquí salen las tres grandes herramientas educativas que cualquier familia tiene que aprender a aplicar: decir no, negociar y delegar responsabilidades.

Cursos Familias en la Nube

Descubre el método educativo revolucionario que ha cambiado la vida a más de 20.000 familias. Mejora el clima de tu hogar con nuestra exclusiva formación en vídeo.

Incluyen las técnicas más eficaces y los mejores consejos para que tus hijos crezcan responsables y felices.

Empieza ahora gratis

1.- DECIR NO: se ha de decir NO, cuando se debe proteger al hijo, cuando el control de la situación tiene que estar en el mundo adulto, cuando los hijos no poseen la capacidad para tomar decisiones en ese momento evolutivo. Es el espacio donde se ejerce la autoridad, pero de forma amable, teniendo en cuenta la postura y la opinión del hijo. En la excursión, los adultos tienen la obligación de decidir todo aquello que los hijos no pueden decidir, porque no tienen las habilidades necesarias. Por ejemplo, si hay amenaza de tormenta, se decide dar la vuelta, independientemente de la opinión del niño. Y si el niño quiere seguir, hay que decir que NO.

2.- NEGOCIACIÓN: el control de la situación se puede y debe compartir con los hijos. Tanto el adulto como el menor pueden tomar decisiones. Se buscan compromisos con los hijos, y se confía y respeta su toma de decisiones, con una visión cooperativa buscando que ambas partes ganen algo. Es algo así: decides sobre lo que decidimos que puedes decidir. Pero, como resultado final, no se busca la obediencia del hijo, sino su decisión. En la excursión, tanto el menor como el adulto van de la mano, uno junto a otro, y pueden decidir dónde parar a comer, cuándo descansar, si se hace una foto o quién lleva la cantimplora.

3.- DELEGACIÓN DE RESPONSABILIDADES: el control de la situación y la responsabilidad es totalmente del hijo. El niño toma decisiones que afectan a su proyecto de vida, no a la de sus padres. Digan lo que digan los adultos, los niños son los que deciden en último término. Los padres aprenden a acompañar, a ponerse detrás en su viaje, a estar disponibles cuando el hijo (no los padres) lo crea conveniente, a mostrar confianza cuando tiene que decidir y, muy importante, el hijo debe y tiene que percibir que se respetan esas decisiones. En la excursión, ya se va detrás, dejándole hacer: si se sube a una roca, si persigue a una lagartija, si quiere llevarse un amuleto que nos parece absurdo.

En resumen, el objetivo de cualquier intervención con familias (terapias, escuelas de padres y madres) es ayudar a padres y a madres a;

  • entender las conductas problema y las reacciones emocionales de los hijos;
  • potenciar las fortalezas adultas;
  • motivar al cambio adulto de lo que no funciona para facilitar el cambio del hijo;
  • entrenar esas herramientas antes descritas;
  • y generar un contexto educativo repleto de cariño, respeto, confianza, credibilidad, coherencia, amor, previsibilidad y constancia.

Artículo publicado en la revista Mi pediatra (Antonio Ortuño Terriza)

Share

Psicólogo especialista en Psicología Clínica Infanto-juvenil y Terapeuta Familiar desde hace más de 25 años. Conferenciante sobre temas educativos, centrados en la parentalidad positiva, su modelo educativo consiste en dotar de herramientas a los padres y madres para que sepan poner límites de una forma respetuosa, con la responsabilidad y la felicidad como compañeras de viaje.

Artículos recomendados

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

close
Exit Popup

Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios mediante el análisis de tus hábitos de navegación. Más información.

Los ajustes de cookies de esta web están configurados para "permitir cookies" y así ofrecerte la mejor experiencia de navegación posible. Si sigues utilizando esta web sin cambiar tus ajustes de cookies o haces clic en "Aceptar" estarás dando tu consentimiento a esto.

Cerrar